

Un mundo cada vez menos nuestro
“Una joven, Bruma, observa con su móvil a una mujer sentada en lo alto de una colina
verde donde está prohibido pisar y menos subir. La joven dudosa decide saltarse las
reglas para advertirla y llegar ante la misteriosa mujer que la confronta con una verdad
oculta tras la apariencia idílica de aquel paisaje. Lo que parecía una colina tranquila revela
otro lado más oscuro, imperceptible para un móvil. La mujer le recuerda otras formas
de sentir la realidad más allá de una pantalla y poder descubrir lo que hay tras la colina.
Humo, ceniza, dolor, hambre, llanto, frío... Bruma, reacia al principio, entrecierra los ojos
y comienza a percibir todo un mosaico de sentimientos y sentidos con la condición humana
ante lo que ocurre... Bruma sujeta la mano de la mujer y ya no está dispuesta a
soltarla.”


BRUMA
Es la protagonista de la historia, una joven adolescente de 16 años, estudiante
de segundo ciclo, con un carácter fuerte pero muy sensible, aficionada
al deporte y cuya obsesión son las redes sociales. Pertenece a una familia de clase acomodada dedicada a las finanzas y la abogacía.
Su mundo transcurre entre el instituto, las clases de danza e idiomas y sus tiempos dedicados a las amigas y todo lo que tenga que ver con las redes sociales. Pero su ensimismamiento tecnológico dará un vuelco cuando descubra en un lugar prohibido a una mujer que le enseñará a sentir más allá de las pantallas.




AMIRA
Amira es una mujer de 47 años, de presencia serena y naturaleza cándida. Representa La Colina —no solo como un lugar físico, sino como un estado del mundo, una forma de habitar el presente—. Su tono, casi mágico, tiene la capacidad de acercarnos a lo real, a lo que está sucediendo aquí y ahora, lejos del ruido y la distracción del mundo digital.
Amira es una figura envolvente, como si siempre hubiera estado aquí. Es la voz de los sentidos, del mundo tangible, físico y silencioso. No necesita pantallas ni filtros: su mera presencia confronta a Bruma —y también al espectador— con una realidad que no se mide en “likes” ni en métricas. Una realidad que, en su crudeza, puede ser dura y agotadora.




