

“Madeleine, una madre perseverante de Senegal, es trasladada a Alicante por mediación
del Consulado y la Presidencia para identifificar a su hijo, Ibrahima, la última víctima por
identifificar de un naufragio en el que perecieron otras 17 personas. Durante el trayecto
en taxi, conocemos en primera persona los detalles de la tragedia. Aunque Madeleine
se resiste a aceptar lo inevitable, la incertidumbre, los recuerdos y la culpabilidad
van minando su coraje en un país extraño. Finalmente, sin fuerzas para mantener la
esperanza, claudica; sin embargo, en un giro insólito al salir de la ciudad, Madeleine
detiene el taxi de golpe. Al ver a un joven africano en un semáforo, grita el nombre de
su hijo. El joven la reconoce de inmediato: es él. Ambos se funden en un abrazo ante
la mirada atónita de la comitiva que se dirigía al cementerio, protagonizando un caso
excepcional de vida en un drama que suele cobrarse miles de víctimas anuales


MADELEINE
Una mujer de carácter afable pero obstinada, que ejerce como el pilar y matriarca de su familia en las afueras de Dakar. De origen humilde y formación limitada, Madeleine es una mujer autosuficiente que ha dedicado su vida a la crianza de sus hijos y al trabajo en su pequeña frutería, administrando con rigor sus escasos recursos en una casa de ladrillo y madera.
A pesar de tener un marido ausente y vivir en una situación de pobreza, Madeleine posee el coraje de emprender un viaje de repatriación a España. Su motor no es solo el duelo, sino la esperanza desesperada de encontrar a su hijo con vida. Para ella, perder a un hijo es una tragedia traumática e insoportable que fractura su núcleo familiar, el cual es su posesión más sagrada.




TAXISTA
Es el antiheroe de esta historia. Con una percepción de la vida retro, despreocupada y algo ácrata, se convierte en el motor y testigo de un proceso que inicialmente le resulta ajeno. Su figura representa la visión generalizada del conflicto: la falta de implicación.
Sin pretenderlo, el taxista se transforma en un personaje crucial y en el hilo conductor del relato. Como “piloto” de este viaje, su trayectoria es un arco de transformación: comienza desde una posición distante y algo deshonrosa para ir involucrándose gradualmente hasta alcanzar una dignidad inesperada.
Es un testigo que sorprende; aunque al principio parece incapaz de comprender la magnitud de la tragedia, termina aportando sentido común y humanidad. Su carácter algo ácrata y su escepticismo ante lo institucional generan un vínculo de afecto que Madeleine logra intuir.








